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En mi práctica diaria, continuamente doy la mala noticia: tiene una enfermedad renal crónica o ya necesita de diálisis o hemodiálisis o de un trasplante de riñón, lo cual no es fácil ni para nosotros decirlo ni para alguien escucharlo.

 

Enfrentarse a una enfermedad crónica produce en la persona que la padece un reajuste, un proceso de duelo similar al que pasamos cuando perdemos un ser querido. Ese proceso para asimilar la pérdida de la salud se llama duelo. La doctora Elisabeth Küebler Ross, quien dedicó su vida a cuidar a enfermos terminales y ayudar a los moribundos en el proceso de la muerte, identificó cinco etapas del duelo, que también se pueden aplicar para la aceptación de una enfermedad crónica.

 

 1. Negación: presente al momento del diagnóstico de cualquier enfermedad crónica. Es un mecanismo de defensa o un proceso adaptativo que impide que la noticia “sus riñones ya no funcionan como debieran” caiga de golpe. Niega la enfermedad que le acaban de decir que tiene y no toma las medidas necesarias para cuidarse. Esta negación inicial es sana, incluso muchos dicen “este doctor no sabe”.

 

2. Ira: el paciente se enoja debido a que poco a poco va tomando consciencia de la nueva realidad, comienza a ser consciente de que la enfermedad renal crónica será para toda la vida y aparecen sentimientos de incomprensión hacia todo lo que le rodea (incluidos sus seres más queridos), rechaza la ayuda que los demás le ofrezcan y puede sentir que nadie lo entiende, fastidia que la gente le diga “échale ganas”. Surge la pregunta “¿por qué a mí?”. Poco a poco el enojo va disminuyendo. El ser humano tiene una tendencia innata a buscar culpables a las distintas desgracias. Así, es cuando surgen comentarios: “el médico no me dijo que estaba mal”, “mi esposa no me daba las pastillas”, “es que mi trabajo no me permitía cuidar la dieta”, “es que nadie me dijo que comer tanta carne era malo”, “es que por más dietas que hacía no bajaba de peso”, “ no pensé que tomar suplementos para hacer músculo era malo” etc, etc. Con el tiempo la culpa tiende a disminuir hacia el exterior y se comienza a buscar un culpable en el interior “la verdad nunca me cuidé”, “siempre traía el azúcar alta pero me sentía bien”, “la presión la tenía siempre alta pero yo no tenía molestias”, “la verdad a pesar de que me dijeron que tenía la enfermedad renal yo no me cuidé”,”orinaba con sangre pero pensé que era normal”. Esta etapa puede llegar a ser una de las más importantes y puede estar presente a lo largo de toda la vida.

 

3. Negociación: Intenta pactar con la enfermedad, pero se da cuenta de que no es posible, no está en condiciones de negociar. Siente que requiere una garantía, es común escuchar a personas con enfermedad renal muy avanzada ¿y si me cuido se me puede quitar la enfermedad? ¡Haría cualquier cosa por vivir un poco más! Es cuando pueden surgir charlatanes que le aseguran pueden curar su enfermedad renal con remedios milagrosos.

 

4. Depresión: en esta etapa se comienza a tomar conciencia de la pérdida. La realidad de la enfermedad ya es inevitable, ya ha pasado un tiempo desde el diagnóstico. Al ir asimilando la situación, se puede empezar a planear el futuro, y éste siempre es incierto porque nunca se sabe cómo se responderá, no hay manuales, comienzan a aparecer asuntos pendientes de solucionar, como buscar ayuda. La pregunta más frecuente es: “¿y ahora qué hago?” ¿Qué será de mí”, ¿Cuánto voy a vivir? ¿En cuánto tiempo necesitaré la diálisis? Puede que le den muchas ganas de llorar. Puede haber sentimientos autodestructivos: ¡me voy a morir, qué caso tiene ir al tratamiento!

 

5. Aceptación: es el momento de aceptar la realidad y tratar de rehacer la vida, puede haber falta de emociones, pero se pueden tomar decisiones con respecto a su vida y a plantearse objetivos de acción concretos. En esta etapa se aprende a convivir, se llega a la conclusión de que lo pasado está en el pasado, la vida anterior que se tenía ya no volverá, tiene que aprender a convivir con la nueva realidad para tratar de que la vida siga. Es el momento en que deberá tomar decisiones, sobre cómo será a partir de ahora la vida y de cómo quiere seguir viviendo, de redescubrir su nuevo yo. La enfermedad se puede vivenciar como una oportunidad para la transformación.



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Sugerencias para llegar a la autoaceptación

 

Para llegar a la autoaceptación, hay que recorrer un largo camino que cada uno deberá de cruzar.

 

1. Canaliza la ira: Puede ser que esté enojado y con mucho coraje en su interior. El odio lo destruye por dentro y por fuera y amarga el carácter. Un buen modo de canalizar la ira es agarrar un cojín y golpearlo sin lastimarse. Deje que salga todo el enojo, grite si es necesario, diga groserías, pero poco a poco esas emociones deben ir abandonándolo.

 

2. Aprenda a perdonar: Perdonar es sanador; no sólo a perdonar a otros, sino que también a perdonarse a sí mismo y así poder liberarse del pasado. Los que le hicieron daño actuaron de la única forma que sabían.

 

3. Despídase del pasado: No importa por cuanto tiempo ha mantenido una creencia negativa; hoy puede iniciar un cambio en su vida ¿quiere seguir enojado siempre?
4. De las gracias: Todas las mañanas, al levantarse, hay que dar las gracias por lo que tenemos. Piense en todo aquello que lo hace sentir bien: estar con sus seres queridos, tener un lugar donde vivir, tener qué comer, saber bailar, cocinar, poder sentir el viento en la cara, ver un jardín, tener un trabajo, tocar un instrumento, cada uno tiene algo distinto que lo haga sentir pleno y felíz.

 

5. Ámese y ame a los/las demás: El amor sana. Para abrirse al amor, tendrá que dejar de estar a la defensiva, volverse vulnerable, arriesgarse. Cuando uno comienza a sentir más que a pensar, se podrá empezar a perder el miedo al rechazo. Ese miedo lo mantenía alejado/a del amor. Cuanto más se quiera y cuide de sí mismo, más podrá amar y cuidar a los/las demás y más lo amarán y cuidarán de usted y los demás.
6. Escuche su voz interior: Usted y sólo usted debe tomar sus propias decisiones. Escuche a los demás, pero quien debe tomar la decisión final es usted.

 

7. Reconozca cada día todo aquello que hace bien. Quizá ya no pueda trabajar como lo solía hacer pero hay cosas buenas que puede hacer, hasta ayudar a hacer el quehacer en casa es una gran ayuda.

 

8. Lleve bien su tratamiento. Tome sus medicamentos tal como se los indicaron, vaya a sus consultas, lleve la dieta, tome el agua que le aconsejaron, que le hagan los estudios que le pidan y no se automedique.

 

9. No fumar, no tomar alcohol, no consumir drogas. Para disminuir el estrés o la ansiedad es mejor hacer ejercicio o alguna actividad recreativa.

 

10. En caso de presentar insomnio primero cambie sus hábitos como no dormir durante el día, no ver televisión o no usar computadoras o celulares antes de acostarse, no comer muy tarde, evite los medicamentos que ayudan a dormir, porque tienden a causar dependencia.

 

11. No se aísle, hable con sus amigos, con su familia, con su pareja, salga al cine, vaya al parque, pasee a su mascota, vaya aunque sea al súper.

 

12. Si puede ayude a otros, esta vida es una rueda de la fortuna, a veces está arriba, a veces estará abajo, y así como usted está enfermo hay personas que están sanas y muchas otras peor que usted. Ayudar a otros ha mostrado en estudios ser un método muy efectivo de dar esa sensación de felicidad.

 

Recuerde que puede decir “no” a las demandas ajenas y no necesita complacer a todos para que lo acepten, si nota que su pareja es infiel, no tenga miedo a confrontarlo para no quedarse solo, ¡valórese!

 

Si su pareja no quiere donarle un riñón, es una decisión muy difícil que no puede forzar, no por ello lo quiere menos, es normal sentir miedo, pero buscar ayuda e información puede disminuir ese miedo y puede empujar a que se anime a que le done un riñón.

 

Si su familia se aleja también recuerde que hay etapas del duelo en que uno puede tener mucha ira y decir cosas desagradables, ahora trate de ponerse en el lugar de su familiar, si éste le ofrece su ayuda y usted lo ofende, las palabras a veces hieren más que los golpes, por lo que nunca es tarde para cambiar, hablando se entiende la gente.

 

Hay muchas personas ignorantes que piensan que la enfermedad renal crónica es contagiosa, cada cabeza es un mundo, por ello no espere a que todos entiendan su situación.

 

También me he encontrado con esposas que fueron maltratadas y que después de muchos años acude el señor que las abandonó y maltrató mucho tiempo, que se desentendió de la familia y de sus hijos, esperando que ahora lo cuiden porque padece insuficiencia renal, esta es una difícil decisión, pero recuerde también, que primero debe haber amor propio.

 

Finalmente en muchos trabajos se puede enfrentar con discriminación, tanto para pacientes con enfermedad renal crónica como para trasplantados o donadores de riñón. Esto es algo que todos tenemos que combatir, porque uno no se enferma porque quiere, o un donador puede tener una vida plena. Todos debemos comprometernos con que el mundo sea un lugar mejor.

 

Mírese diario frente al espejo y diga ME QUIERO.

 

A nosotros los médicos no nos enseñan cómo ayudarlos a transitar de la manera más saludable este proceso, solamente a tener una mejor comunicación y en lo personal trato de ser clara, directa, para explicarles a mis pacientes el proceso de su enfermedad, su evolución y su pronóstico, orientar e informar a la familia para que apoye y no estigmatice el padecimiento. Este artículo me empujó a escribirlo un paciente que le dije esta semana que tenía insuficiencia renal y me dijo, no acepto mi enfermedad, ¿qué hago? Ustedes también me enseñan diariamente algo y cuando no tengo la respuesta me motivan a informarme para ayudarlos de la mejor manera.

 

Si cuenta con las posibilidades trate de buscar apoyo psicológico, grupos de apoyo, pláticas de tanatología, o estar en contacto con personas que pasan por lo mismo que usted. Tenga presente que SI LO NECESITA PIDA AYUDA. LO IMPORTANTE ES TRATAR DE SER FELÍZ.

 Mafalda duelo

 

Cualquier duda consulte a su médico.

 

Recuerde que cuidarse es el hábito más saludable.

 

 

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