Es una cirugía mayor para colocar un riñón de un donador sano, en una persona con insuficiencia renal. El riñón donado puede provenir de:

  • Un donante familiar vivo, emparentado con el receptor, como uno de los padres, un hermano o un hijo.

  • Un donante no emparentado con el receptor, como un amigo o el cónyuge.

  • Un donante muerto: una persona recientemente fallecida que se sepa no ha tenido enfermedad renal crónica.

Para que se lleve a cabo debe realizarse un estudio exhaustivo de exámenes de laboratorio y gabinete y múltiples valoraciones por muchos especialistas para determinar si la persona es candidata a recibir un riñón y en caso de ser candidato disminuir el riesgo de complicaciones. El trasplante se considera así como la diálisis y la hemodiálisis un tratamiento que suple la función renal, una vez realizado, el paciente necesitará hacerse chequeos médicos regulares.

Casi toda persona siente que tiene una mejor calidad de vida después del trasplante. Aquéllos que reciben un riñón de un donante vivo emparentado tienen mejor pronóstico que los que lo reciben de un donante fallecido. Las personas que reciben un riñón trasplantado pueden rechazar el nuevo órgano. Con el fin de evitar el rechazo, los receptores de trasplante de riñón tienen que tomar medicamentos que inhiban la respuesta inmunitaria por el resto de sus vidas o el tiempo que funcione el riñón. También están expuestos a un mayor riesgo de infecciones, diabetes, trastornos de las grasas de la sangre y de cáncer comparados con la población general.

Los que donan un riñón, generalmente pueden vivir en forma segura y sin complicaciones con el riñón restante.

 

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